En el nuevo año, pobres pediatras…

Así que ahí estoy yo, una vez más, con uno de mis hijos. En Urgencias de Pediatría. La residente me hace la anamnesis, se para preguntándome todo lo que tiene que preguntar, explora minuciosamente a Dani, me explica lo que tiene y vamos a hacer. Yo lo visto y nos salimos a la sala de espera. Viene una enfermera y le pone el primer tratamiento de salbutamol. Así hasta tres. Vuelve a llamarlo la residente de Pediatría. Lo vuelve a auscular. Mi hijo sigue con tiraje subcostal y supraesternal. Me dice que la exploración “no es buena” y que lo ingresa en Observación y le pauta tratamiento cada 4 horas. Le digo que ok, que lo que indique. Nos ingresan en Observación. Mi hijo está destrozado de llevar 2-3 días igual, con tratamiento y seguimiento ambulatorio. Pero ya hoy estaba algo peor, por lo que su pediatra de familia determinó que sería mejor llevarlo a Urgencias. Y aquí estamos. Dani se duerme a ratos, pero el esfuerzo respiratorio y otras cuestiones le saca del sueño. Vienen de vez en vez para sus tratamientos. Va mejorando. A la noche entra la pediatra que está de guardia y lo vuelve a explorar. Me dice que está mucho mejor aunque sigue teniendo algo de tiraje. Me dice: “Pablo, puedes irte si quieres y vigilarlo o bien quedaros hasta mañana”. Yo le digo que mejor nos quedamos esa noche [conozco a mis hijos]. Me dice que sin problemas. A partir de las 11 de la noche comienza el calvario y mi hijo es ingresado en UCI Pediátrica a las 7 de la mañana. Le han hecho un tórax y tiene una imagen de condensación inferior [además de otras cosas]. Comienzan tratamiento antibiótico además de aumentarle la frecuencia del salbutamol y elevan pauta de corticoides. Salimos de UCI en tres días…, ¡y ahí comienza esta historia!

Ingresamos en planta. Vamos a una habitación donde hay dos niños más. Uno tiene 1 año y poco, con un cuadro de bronconeumonía; el otro 6 meses, con otro cuadro igual. Y Dani. Nos “toca” la cama de al lado de la ventana. Ingresamos en planta a la tarde, sobre las 6. No me suelo relacionar mucho en estos casos [y hubiera estado encantado, ya que el niño que está en la cama de enmedio presenta claramente un déficit cognitivo, con algunos signos dismórficos, hipotonía generalizada y algunos otros signos en los que prefiero no fijarme; la madre no sólo no es consciente sino que dice que su hijo tiene un desarrollo absolutamente normal], así que me dedico a Dani y, cuando él está jugando con algo o durmiendo, intento leer un libro de Neurociencia Cognitiva que he traído [interesantísimo, vaya]. El niño de la primera cama comienza a saturar bajo, con dificultad respiratoria. Llega una residente que está de guardia. Lo explora, se para, le explica a la madre. Son al menos 20 minutos los que está ahí. Viene el enfermero y le pone tratamiento indicado. Cuando se va el enfermero esta madre comienza a hablar con la otra [no es literal pero de verdad que totalmente aproximado]:

—Los médicos de hoy no saben nada.

—Son todos jóvenes y menos mal que nosotras les decimos cosas, que si no…

—Pues sí. Mi hijo lo llevé a su pediatra y le dijo que nada, que salbutamol en casa. Y yo me lo traje a Urgencias y ya ves: aquí ingresado. Si no me lo traigo a lo mejor estaba muerto [sic.].

—Mejor no llevarlo al médico…

Y así siguen. Yo callo pero me dan ganas de llamar a un psicólogo o un psiquiatra, aunque todo es premórbido y creo que no tiene solución por más tratamiento que hagan.

Así que vuelve la pediatra en unos 50 minutos y vuelve a explorarlo. Lo encuentra mejor. Ya satura mejor. No tiene tanto tiraje, etc. Le dice a la madre que no se preocupe, que poco a poco, que todo va conforme a como tiene que ir. La madre dice:

—Verás [sí: nada de hablar de usted]… Su pediatra dice que le tienen que hacer pruebas de alergia y de otras cosas porque tiene muchas bronquitis, así que por qué no se las pide usted.

—Verá [la residente sí habla de usted]… Normalmente no hacemos pruebas así hasta los tres años porque no suelen dar resultados concluyentes. Lo lógico, además, es centrarnos en el cuadro actual que tenemos. Si no le parece mal vamos a seguir con el tratamiento y ya habla usted con su pediatra de estas cuestiones que le propuso.

Se va y la otra comienza de nuevo:

—Ésta no tiene ni idea. Ha dicho eso por quitarse de enmedio y por no saber. En vez de hacerme caso a mí  [sic.] que conozco a mi hijo y sé lo que hay que hacer [sic.]. Si no es por mí estaría muerto mi hijo por hacerle caso a los pediatras [de nuevo vuelve a lo de "muerto"].

—Pues sí -dice la de al lado. Se creen que por tener una carrera saben más que nosotras y de niños no saben nada. Bueno, si alguna tiene un hijo pues sabrá, pero si no no saben nada.

En la madrugada, sobre las 3 [yo no duermo en los hospitales, no sólo por el sillón magnífico que nos ponen sino porque mi cerebro debe tener una red demasiado activa asociada a hospitales que no activa la pineal ;) ], el niño vuelve a ponerse peor. Viene otra residente. Lo explora, se para mucho, habla con la madre, la tranquiliza, indica un nuevo tratamiento. Viene la enfermera. Pone el tratamiento. La enfermera se queda con el niño, lo acaricia un poco y mirando a la madre le dice que todo irá bien, que no se preocupe. Se va. Se queda el niño con su nebulización puesta. Residente y enfermera vuelven en 15 minutos. Se paran un buen rato, exploran de nuevo. Todo mejor. Vuelven en 30 minutos. Todo sigue bien. El niño se ha dormido. Está tranquilo. Se van. La madre [una mujer de unos 120 kg y que ronca que no se hacen idea], se queda dormida para lamentación de todos los que estamos en la planta 6ª C [¡cómo ronca!]. La noche transcurre sin nuevos sobresaltos.

Por la mañana, muy temprano, sobre las 8.30, aparece el pediatra que está ese día en dicha planta [como son estas fechas, van como pueden] y comienza por mi hijo. Conozco al pediatra de hace muchos años [trabajé 15 en ese hospital y ahora desarrollo investigación clínica en el mismo] y es una persona no sólo excepcional sino mucho más. Ausculta a Dani, lo observa, me explica. Le da el alta. Me dice que está todo muy bien y tratamiento ambulatorio y le digo que perfecto, que si no me tendrían que poner una habitación en el hospital. Pasa al niño de la cama de al lado. Le pregunta a la madre:

—Qué tal está Rafa?

—Pues bien -dice la madre. Ha tenido unas décimas.

—Qué significa unas décimas? -dice Pedro.

—Pues 37,3.

—Ah! Pues no se preocupe, que eso no es nada importante.

Explora al niño, da explicaciones y pasa al último. En el último vuelve a hacer las mismas operaciones y la madre le comenta el episodio de la noche. Pedro le dice que ha leído lo que la residente escribió y que se alegra de que fuera bien, que ahora está bien la exploración y que siga con el mismo tratamiento. La madre vuelve con el rintintín de lo de pruebas de alergia y demás. Pedro da la misma explicación que dio la residente. Se va.

—Tú te has fijado? -dice.

—Todos son iguales -dice la de la cama de enmedio.

—Se ponen de acuerdo para no hacer las pruebas que hay que hacer. Seguro que lo han hablado entre ellos y la niña [sic.] que vino de noche le dijo lo de las pruebas… Y vaya tela la niñita [sic.] que vino de madrugada… -dice.

—Por qué?

—Ni un momento se paró. Mi hijo “mú malo” y ella ni se paró. Ni habló conmigo. Luego vino la enfermera y le puso un tratamiento que yo ya sabía cuál era. Vamos, que no sé pá qué vino esa niña [sic.] a hacer el paripé. Yo misma hubiera ido a por el tratamiento y se lo hubiera puesto.

—Es que no saben nada los médicos.

—Y lo peor es cómo nos tratan!!! Y somos nosotros los que les pagamos su sueldo [inciso: esta mujer estuvo hablando por el móvil con gente porque tiene pisos en alquiler y dijo: "no, no; a mí se me paga en mano, que si me haces transferencia lo sabe el estado y tengo que pagar"].

—Si no fuera por nosotras no tendrían trabajo.

—Y no le quieren hacer las pruebas a mi hijo porque no les sale del coño [sic.], pero ya verás como en poco tiempo se las van a hacer… Como me llamo Charo!!! [En ese momento se la pueden imaginar de pie, con una gran obesidad, cara de mala hostia y enarbolando la bandera de la sabiduría y madre coraje.]

La que tiene el hijo de 6 meses [y estoy convencido que ese niño tiene un cuadro neurológico y debe ser visto por un neuropediatra] dice que si se ha dado cuenta lo que el médico le ha dicho, “lo de las decimillas”. La otra dice que sí, que qué mala educación [yo no sé si tienen dificultades con el reconocimiento de emociones o todo es parte de su nivel intelectual]. La del pobre niño de 6 meses dice que le va a poner una reclamación [!].

Yo, como comprenderán, estoy a un paso de ingresar en Psiquiatría, pero respiro y hago algunas ejercitaciones tipo Shultz para hacer que mi lóbulo frontal tenga más control que el que ya tiene. Comienzo a recoger y le digo a Dani: “papá se va a poner los cascos de música un rato, Dani, para no escuchar más idioteces” [y lo digo con claridad]. Dani se sonríe y dice: “i” [es su forma de decir "sí"].

Y menos mal que nos fuimos!!!

Los pediatras -en general médicos, enfermería, etc.- tiene un papelón que no sólo no es entendido por los gerentes y responsables del hospital, sino que tienen que tratar con este tipo de personas muy habitualmente [quizá es que con la profesión sanitaria recetan psicorterapia pagada ;) ].

Desde aquí, desde mi humilde opinión, todo mi afecto, mi admiración y mi reconocimiento a los profesionales de la pediatría [médicos, enfermeros, auxilares, etc.]. La carga que arrastráis os haría merecedores de un cielo. Lástima que no exista. Bueno, al menos tendréis gente que, como yo, diga a voz en grito que menos mal que os tenemos para que nos echéis una mano en esta etapa tan difícil como son los primeros años de vida de nuestros hijos, lo más querido del mundo.

Agur. P

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6 comentarios »

 
  • Llorenç dice:

    …y es así a diario, con niños y con adultos. Gracias a gente como tu, que agradece el esfuerzo y las preocupaciones de esta dedicación profesional, algunos seguimos adelante y conservamos parte de la ilusión que teníamos al empezar. Por la parte que nos corresponde a Enfermería.

    • Pablo Duque dice:

      Seguro que como yo hay muchos, pero lo que sé es que la gran mayoría de profesionales de la sanidad pública que conozco son excelentes y gente muy entregada. Chapeu!

  • Mari Ángeles Vidarte dice:

    Son “Ángeles en la tierra” cómo no agradecerles entrega, dedicación, paciencia, comprensión, estudio….

  • Toño dice:

    Estoy saliente de guardia. Me has emocionado con tus palabras. Falta educación y respeto. Personas agradecidas como tú se ven de vez en cuando y te dan la vida. Comentarios como los de las señoras también a diario y te dan ganas de tirarlo todo por la borda porque, como creo que señalas, no hay cura, salvo que tus palabras en voz alta las escucharan.

    • Pablo Duque dice:

      Toño… Cada vez que voy a urgencias con mis hijos gemelos [que son muchas por la enfermedad que tienen], cada vez que estoy en la puerta del pediatra de AP, cada vez que estoy en cualquier lugar donde hay niños, siempre padres y madres saben más que los pediatras. Eso no sólo me enerva: me llevan de tristeza. 6 años de estudios. 4 años más de especialidad. Muchos más de experiencia clínica del día a día y mucho estudio… Esos comentarios son no sólo lamentables sino de personas que -estoy convencido- nada tienen dentro del cráneo [bueno, el vacío].
      Para mí sin duda ninguna encontrarme con los pediatras que me encuentro no sólo es una tranquilidad, una seguridad, un acompañamiento, sino un alivio en el camino que es imposible de materializar en palabras. Y sí: hay pediatras estúpidos [cómo no!]. Pero eso ni quita ni pone. Eso va con esa persona. Yo hablo ahora de la generalidad y, para mí, los pediatras es un colectivo al que verdaderamente admiro.
      Un abrazo y mucho ánimo. Si eso te hace decir “al carajo” piensa que padres como yo hay miles aunque no lo escriban. Un abrazote!

  • Belén dice:

    ¡¡Tienes toda la razón!!.
    Un 10 para pediatría del HUCA y para todos los que atienden a nuestros hijos en diferentes hospitales.

 

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