Acreditaciones, acreditaciones, acreditaciones…

No, no voy a hablar de la acreditación en Neuropsicología que acaba de sacar el COP. El objetivo de este post es hablar de las acreditaciones en el ámbito sanitario a raíz de lo encontrado sobre formación acreditada en ADI-R y ADOS-2. Luego volveré a esto.

Acreditar significa, según la RAE, “demostrar, especialmente con un documento, que una persona es quien dice ser, ejerce una determinada profesión o está autorizada para hacer algo”. Unas acreditaciones son oficiales [las que están reguladas según la Función Pública] y otras son oficiosas ["Que no tiene carácter oficial a pesar de proceder de una fuente autorizada"; "Que presenta opiniones de una autoridad de forma extraoficial"; éstas, obviamente, no están apoyadas por instituciones públicas ni reconocidas]. Una acreditación oficial es, por ejemplo, la de Psicólogo Especialista en Psicología Clínica o la de Diplomado en Fisioterapia o la de Médico especialistas en Neurología; una acreditación oficiosa es Psicólogo Especialista en Neuropsicología o Profesional Acreditado en Neuropsicología Funcional o Acreditación Nivel Básico de Bobath o Perfetti.

Cuando alguien “crea” algo [entiéndase: no creamos nada; sólo plagiamos] como un test cognitivo o como un método o como un concepto, entiendo que quiera que se aprenda de forma adecuada. Así, por poner ejemplos personales y no ponerlos sobre otras personas, la creación de nuestro equipo de la FEX [una batería de exploración de función y funionalidad ejecutivas en la infancia y desarrollo] da lugar a cursos de formación para formarse bien en dicha prueba o bien la creación de conceptos y métodos de NEF [Neuropsicología Funcional] da lugar a la organización de acreditaciones en NEF. Estas acreditaciones pueden venir de personas físicas o bien de personas jurídicas. Por ejemplo, en el caso de la NEF viene de la Sociedad Española de Neuropsicología Funcional y de un organismo adjunto llamado Sistema Internacional de Acreditación en NEF que regula los estándares de calidad para la formación acreditada.

¿Significa que si alguien no hace la formación acreditada no sabe? En absoluto. Alguien puede formarse en administrar la FEX, en Bobath, en Perfetti, en NEF, en lo que fuere, sin necesidad de ir a ningún curso de acreditación. Sin embargo, entiendo perfectamente que las personas -o grupos- que hayan creado algo quieran ser los mismos en hacer la formación adecuada para formar a otros y que lo hagan convenientemente.

¿Estoy en contra de las acreditaciones? En absoluto: estoy a favor. Creo que es una manera estupenda de regular algo concreto, ya sea la administración adecuada de un instrumento o bien la regulación profesional. De lo que estoy totalmente en contra es de APROVECHARSE de ello.

Cuando decidí, después de años, dar formación de NEF de forma acreditada, había un primer punto claro: el DINERO no es importante. Está claro que cualquier profesor o profesora necesita ser retribuido por su trabajo y está claro que alumnos y alumnas deben abonar por ser formados. Pero lo que no es correcto [ni humano, diría yo] es “sacar las tripas” a los profesionales para que se formen. Así, cuando hicimos la primera formación en NEF [que fueron 8 módulos, con una media de 12-15 horas cada módulo], el coste máximo por módulo fue de 70 euros, lo que significó 560 euros en total. Ahora, con la impartición del Nivel B, 2ª edición, los precios han caído aún más e impartimos 10 módulos de formación, de 15 horas cada módulo, por costes que nunca son mayores de 650€ EN TOTAL.

Y volvamos a ADI-R y ADOS-2. Resulta que son 3 días de formación cada uno [bueno, que al final no son 3 días] y el coste es…, ¡de 600€ cada uno! Esto, sin duda, no es correcto. ¿Es que cualquier persona que se dedique al TEA tendrá que pagar esta cantidad y, si no paga porque no puede o porque no lo ve ético, no estará “acreditado”? ¿Es que no se podrá formar correctamente en estos instrumentos si no lo hace? ¿Quién “impone” que se tenga que hacer?

Sin duda ninguna yo me negaría a hacer una formación así que cumpla estándares de calidad pero no cumpla algo que es esencial: entender que los que nos dedicamos a la neurociencia clínica no tenemos ese dinero NI DE BROMA para poder costearnos una formación y tener la consciencia clara de lo que hay que hacer, esto es, profesionales que paguen su formación y docentes que cobren, pero no profesionales que paguen la formación a costa de arruinarse y docentes [e instituciones] que se forren a costa de “acreditar”.

Saludos en esta mañana de viernes en la que no trabaja nadie.

Pablo

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